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Volvámonos locos por un abrazo

Si navegas en Instagram encontrarás mil videos motivacionales, mil frases impactantes y mil aforismos increíbles.


El punto, según mi opinión, es cuánto logramos cambiar a través de lo que leemos, de lo que vemos.


¿Esa frase que nos impactó, nos hizo cambiar algo en nuestro día a día?

¿Ese comentario con efecto "wow" mejoró una parte de nosotros?

Espero que la respuesta sea sí. De lo contrario, ¿de qué sirve quedar impactados? ¿Para qué descubrir cosas bellas si no nos cambian a nosotros y a nuestra forma de ver el mundo?


Después de una larga jornada de bici hacia Roma, llegamos a San Miniato, un pueblito maravilloso.

Llegamos por la noche, alrededor de las 21:15.

Los últimos kilómetros incluían una buena subida, con pendientes de más del 9%.

En la cima nos esperaba una casa bellísima.

Después de la ducha nos sentíamos renovados. Estábamos (casi) frescos. Parecía que no habíamos pedaleado 184 km y alrededor de 1500 metros de desnivel.

Nuestros pensamientos solo veían platos de pasta, carne, comida a montones... y entonces salimos a comer algo.


En el centro del pueblo, en una tienda casi anónima, encontré un aparador que me llamó la atención.

Mientras Maurizio y Gianni elegían el restaurante, me detuve un momento.


Y tomé esta foto.


"Tengan cuidado de volverse locos por un abrazo".


Qué frase maravillosa.

Tomé la foto el 22 de junio.

Desde entonces me ha vuelto a la mente muchas veces.


Cuando pienso en ella, me vienen a la mente muchas cosas.

  • ¿Cuánto importan los detalles?

  • ¿Cuánto importa decir ciertas cosas o hacer ciertos gestos?

Hasta aquí es fácil.

  • Pero, ¿cuánto difícil es aceptar los gestos de los demás?


Pienso en mí como preadolescente sentado en el sofá viendo programas deportivos con mi papá.

Él me cogía la mano. Eso me molestaba mucho. Me hacía sentir incómodo.

Ahora, como adulto, pienso en lo difícil que era para él expresar sus sentimientos.

No era capaz. Tenía un bloqueo. El orgullo no lo dejaba ser libre.

Yo no lo entendía.


En cambio, "debí haberme vuelto loco por su abrazo, o por su mano", como dice la frase.


Volvámonos locos por decir "te quiero", "me alegra que estés aquí", "te hecho de menos", "estoy orgulloso de ti", "eres un verdadero amigo".

Aprendamos a aceptar los gestos de afecto que nos hacen.

Acojamos, metafóricamente, la caricia tímida que nos da nuestro papá en el sofá.

Subamos a una montaña y sintámonos libres si nuestros ojos se humedecen al conmovernos por la belleza que tenemos frente a nosotros.


Yo soy muy orgulloso. Estoy trabajando en ello. Sé que es una mala bestia.

Hagamos nuestra vida más simple.

Volvámonos locos por un abrazo.

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EL PINCHA UVAS

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