Mc Donald's (esp)
- El Pincha Uvas

- 5 giorni fa
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Estoy en el tren.
Tengo un poco de tiempo libre. Puedo dedicarlo a lo que quiera.
Lo primero que intenté hacer fue dormir, pero tengo una niña pequeñísima cerca que grita con todas sus fuerzas. Es preciosa, llena de vida. Tiene las mejillas rojas.
Luego puse música clásica. Para mí es una elección extraña. Pero así fue.
Por último, leí algunas páginas e hice algunos trabajitos en el ordenador.
Estoy a una hora de llegar. Me entran ganas de escribir.
De vez en cuando voy a McDonald's para trabajar con el ordenador. Me pongo los auriculares, me aíslo del mundo y trabajo.
Estuve allí el jueves pasado.
No había mesas en zonas un poco luminosas. Tuve que conformarme con una zona algo escondida, cerca de una entrada de servicio del personal.
Además de mi mesita había otras mesas: una para dos personas y tres grandes, llenas de chicos.
Durante un rato trabajé mientras tomaba un café, encerrado en mi mundo. Luego empecé a observarlos.
Eran jóvenes, muy jóvenes, pero todos fumaban cigarrillos electrónicos dentro del local. Todos tenían esos aparatos que se iluminaban, de los que salían vapores con aromas dulzones y nauseabundos. Lo hacían con la actitud de quien se siente mayor, adulto.
La manera de tratarse entre ellos era irrespetuosa, nada bonita.
Y además había un desastre entre las mesas. Papeles, suciedad y cosas suyas para tirar.
Sentía curiosidad por saber qué harían antes de irse.
Y nada, claro: por desgracia intentaron dejar sobre las mesas todos sus restos de comida y papeles, como si todo les fuera debido.
«Perdonad, chicos, ¿y eso?». No pude evitar intervenir señalando su mesa.
Recogieron en silencio.
Al segundo grupo le dije: «Perdonad, ¿me podéis decir por qué el señor que ha pasado antes debería recoger lo que es vuestro?».
«Es poca cosa, y además tenemos que pagar. Ocúpate de lo tuyo».
«Sabes cómo funciona este local: si deseas un servicio diferente puedes ir a otros lugares».
Un chico muy joven me miró de forma amenazante, pero luego recogió.
El tercer grupo lo dejó todo en orden. Tal vez porque ya me había convertido en el viejo pesado, aunque siempre me dirigí a ellos de manera educada y cordial.
Esos chicos eran pequeños, pero ya lo bastante mayores como para entender ciertas cosas.
No estoy enfadado con ellos.
Se crece haciendo lo que te han enseñado. Es más, se crece copiando lo que ves.
La niña que lloraba se despertó de la siesta. Su madre sonríe. Y ella sonríe. La imita. Y así sucede siempre.
Se aprende casi por imitación.
Somos lo que hacemos, no lo que decimos.
Y muchas veces, de pequeños, hacemos lo que vemos hacer a los adultos que nos rodean.
El ejemplo es importante.
Me entristece que esos chicos de McDonald's no hayan crecido viendo a alguien que dejaba todo limpio y en orden.
No se hace por obligación, sino porque se aprecia a la persona que trabaja allí, aunque no la conozcamos y quizá nunca sepamos siquiera quién es.
Tendré el corazón un poco blando en este periodo, pero me emociono si veo que alguien mantiene abierta una puerta, que dice un simple «gracias» o que pregunta con verdadero interés «¿cómo estás?».
El señor que está a mi lado acaba de comprar un chocolate para regalárselo a la niña que sonreía. Y ha comprado otro también para la hermanita. Así es como se hace.
Me corrijo. No, quizá lo que tengo no se puede describir como un corazón blando.
Quizá lo que siento es un corazón vivo, que late y que tiene ganas de ser regado todavía.




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