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  • El Pincha Uvas

Volaras de nuevo

"Teudis, ¿serías capaz de arreglar el avión de madera de mi hijo? ¿Puedo llevártelo?"

"¡Puedo intentarlo! ¿Me envías alguna foto?"




Los miro un rato.

Después de unos minutos me digo a mí mismo:

"Lo intentaré. ¡Si puedo arreglarlo, puedo hacer feliz a un niño! Es la única razón por la que vale la pena involucrarse.


Y aquí, como regalo, descubrí la primera lección de este pequeño trabajo.


Tener un objetivo en mente ayuda cada intento.

Tener una meta hace que el esfuerzo sea menos duro.

Tener una meta da fuerza durante las largas subidas.


Voy al laboratorio.

Desmonto todas las piezas.

Miro lo que se ha desenganchado.

Veo los problemas.

Me imagino las soluciones.

Miro la vieja unión entre las alas y el cuerpo.

Decido que es mejor rehacerla. Deshago la vieja. Hago nuevos agujeros e inserto las uniones.


Y aquí viene a la mente la segunda lección.


Hay momentos en la vida en los que hay conexiones, uniones, conexiones, que ya no se aguantan.

Es sólo cuestión de tiempo antes de que todo se deshaga de nuevo.

A veces, para poder volar de nuevo, hay que cortar y reconstruir.

Entonces llegarás a lugares inesperados y maravillosos.



Luego miré las alas.

Los palillos de conexión solo se apoyaban en los agujeros.

Toda la construcción se basava en una sola unión.

Cuando alguien, además de mirar el avión, quiso jugar con él, todo explotó.


¡BOOM!


Y aquí, de nuevo, pensé.


Pensé que nos pasaba a nosotros también.

Que cuando vivimos siempre en una burbuja protegida, sin querer salir de ella, creamos daños.

Si nuestra vida se convierte en un "ver pero no tocar" nos arriesgamos a hacer "¡boom!".

De vez en cuando es necesario salir de la zona de confort.

Es necesario correr riesgos.

Descubrir.

Saborear.

Experimentar.


De lo contrario... ¡BOOM!


Pegué cada palo .

Cogí el pegamento. Llené con él cada agujero.

Puse cada palo dentro. Y con un pañuelo y una esponja, limpié cualquier exceso de pegamento.

Al final todo quedó en orden. Precioso. Sorprendente.


Aprendí.


Aprendí que si no tienes prisa, todo puede ser hermoso.

Se necesita calma. Se necesita paciencia.

Es necesario dar un solo paso a la vez.


Ahora solo me faltava arreglar una pieza.

Las ruedas.


Me di cuenta de que estaban rotas.

Y honestamente creo que fui yo.

No recuerdo que fueran así cuando tomé el avión en custodia.


Las ruedas son importantes.

Ellas aguantan el peso a la salida y a la llegada.

No se necesitan en la fase de vuelo.

Se necesitan en los momentos decisivos.


Hay que cuidar bien en qué se apoya todo.

Es necesario prestar atención para construir bien los cimientos.

Es necesario descubrir cuáles son nuestros fundamentos.

O quién los representa.


Decidí arreglar las ruedas.

Ahora son unos pocos milímetros más pequeñas.

Pero no hay grietas. Y serán capaces de aguantar todo.


Tú, que lees ahora, ¿en qué te apoyas? ¿En quién? ¿Cuidas tus fundamentos? ¿Vale la pena arreglarlos? ¿Necesitan que se rehagan?



Este avión ha sido un gran viaje para mí.


Por eso me encantan las trabajos manuales. Por eso sigo haciéndolos.

Tal vez soy un romántico, un nostálgico, un pensador anómalo.

Tal vez, como alguien me dijo hace un tiempo, soy un amante del "bricolaje emocional".

¿Pero qué bonito es aprender constantemente de las cosas que haces?

¿Qué bonito es ser curioso?

¿Qué bonito es desear?

¿Qué bonito es tener pasiones?


¡El avión parecía roto!

De hecho, lo era !!!!


Todo lo que se necesitó fue reconstruir el pasado de algunas partes y arreglar otras.

Fue suficiente para (re)unir todo.


Se necesita paciencia.

Arreglar un problema a la vez.

Sin prisa.

¡Y el resultado se convirtió en un gran espectáculo!


¡Nosotros podemos ser como el avión!

¡Este camino también nos puede pasar a nosotros!


Vuelve a volar, amigo mío.

¡Ahora estás listo para el infinito!




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EL

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