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El chico de los caramelos

Equipo de los del 2012.

Son "renacuajos".

Son niños que están empezando a crecer a estar juntos.

Algunos están en su primer año de futbol.

Algunos llevan mucho tiempo jugando. Pero es el primero en este equipo.

La mayoría de ellos todavía se conocen muy poco.

La relación entre ellos es inevitablemente infantil.

A esa edad hay niños inteligentes, que piensan, que hablan de cosas "mayores", que escuchan, que cuentan historias.

Pero a esa edad también hay niños que "aún viven en su propio mundo", que necesitan a sus madres en todo momento, que lloran por cosas sin importancia, que tienen dificultades para relacionarse.


La cena de Navidad del equipo es una buena ocasión para formar un grupo.

Este grupo recién formado puede convertirse en una buena compañía durante muchos años.

 

Equipo de los del 2012.

También hay los padres.

No nos conocemos.

Las edades son realmente amplias. Algunos de los padres tienen más de 55 años y otros apenas superan los 30.

Hay padres del sur, del norte o extranjeros como yo.

Hay quienes trabajan como ejecutivos, enfermeras, reparadores de coches o lo que sea. Todo es muy diverso.

Nos hemos visto en los partidos. Pero ni siquiera sabemos los nombres de los demás.

Hay padres sonrientes, polémicos, los que piensan que su hijo es una estrella, los que animan en cada jugada y los que hablan de otra cosa totalmente distinta durante los partidos. Están los extroversos y los muy tímidos.

 

Estamos todos juntos en la pizzería.

A priori es una buena oportunidad para todos.

Estas noches son siempre un gran riesgo. Si te pones al lado del grupo equivocado, parece que nunca terminan.

Jordi, Anna y yo estamos allí.

Anna está conmigo.

Jordi está en la mesa con sus compañeros.

Teudis llega después de su entrenamiento. Le echamos de menos.


La cena comienza muy tranquila. Todos son un poco reservados.

"Hola, soy Teudis, el padre de Jordi, y esta es mi hija Anna".

"Hola, soy Paola, la madre de Andrea y este es Antonio, mi compañero".

"Hola, soy Toni, el padre de Ilenia".

"Hola, soy la madre de Michael y este es su hermano mayor".


Comienza. Llegan las pizzas. Servimos las cervezas o las bebidas.

Hago mis típicas bromas habituales. Los que me conocen saben que a menudo soy el único que les entiende. Es un clásico.

Pero esta vez sirven. Los demás se ríen. Los padres se relajan.

Me doy cuenta de que al otro lado de la mesa hay un buen ambiente.

Ahí están Diego e Iván. Son dos papás muy atentos.


Los niños pueden ver que sus padres lo pasan bien. Y así ellos también disfrutan de forma muy agradable y educada. Son fantásticos.

Jordi sólo viene una vez a tomar un trago de cerveza. Y lo vuelvo a ver al final de la comida.


La cena, que a primera vista podría haber sido delicada, en realidad es muy agradable para todos.

Nos reímos, charlamos. Nos conocemos.

Pasamos un tiempo realmente inesperado.


Los niños tienen un grupo que puede ser una oportunidad para crecer juntos.

Para los adultos, este grupo puede ser una oportunidad para hacerse compañia mientras criamos a nuestros hijos.


Ah. Me estaba olvidando:

"Soy Graziella. La madre de Alessandro. Ya conoces a mi marido Fabio.

Yo sé dónde vives.

Sé quién eres.

Tú eres el chico de los caramelos".


"¿Perdón? ¿El chico de los caramelos?"


"Sí, vengo a menudo a la casa de tu vecino para recoger a la compañera de clase de mi hija . Las llevo a ambas a la escuela.

Y sé que es eres el que construyó una mesita donde pones caramelos para los niños de la escalera o para quien venga de visita. A veces, yo también cogo algún caramelo. Es algo muy bonito."


Puedes hacer mil cosas.

Puedes diseñar muchas más.

Puedes imaginar caminos.

Pero a menudo lo que impresiona a los demás, lo que permanece, educa, transmite, sorprende, implica o describe... son los detalles.


Construí esa mesa hace cuatro años. Periódicamente cambio el tipo de caramelos para ofrecer siempre a los niños (y a los demás) algo diferente. Se ha convertido en un hábito.


Para Graziella, yo soy el "chico de los caramelos", el que hizo algo bonito, inesperado y desinteresado por los niños de la escalera. Y para los vistantes.

Tal vez este detalle la estimule a hacer algo bueno por alguien.

Y que alguien haga algo bueno para alguién más.


Los detalles.

Las sorpresas.

La atención.


Qué bonito es que alguien se dé cuenta.

Qué bonito es que alguien se fije en nosotros.







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