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  • Immagine del redattoreEl Pincha Uvas

Ni un cabello

Mi madre.

Estamos a principios de los '90. Yo tenía 14 años.

Había llegado dos años antes a esta ciudad. La cuarta para mi.

Cada vez que ascendían a mi padre, la familia tenía que reconstruirlo todo en otro sitio.

Fue allí, en Figueres, donde mis padres se separaron.

Para salvarse, para reconstruirse de nuevo, mi madre se fue a vivir con su hermana a 100 km de mí.

Por desgracia, nunca llegó a reconstruirse. Tenía el corazón demasiado roto.

El cielo la llamó unos siete años después.

Maldito tumor.


Mi madre se llamaba Anna, como mi hija.

La perdí demasiado pronto.

Culpa de la separación, de la distancia y del cáncer.

El vacío que dejó todavía sigue conmigo.


Pero mi madre me enseñó mucho.

Mi madre era sencillez, humildad.

Mi madre era buena.

Mi madre, como las mujeres de antaño, limpiaba el suelo de la casa de rodillas o cuidaba una a una las grandes hojas de nuestro ficus.

Mi madre plantaba flores, y comía los alimentos de su huerto.

Mi madre intentó reconstruirse siendo camarera. Como cuando tenía 11 años y vivía y trabajaba en un hotel de Sant Hilari. Eran otros tiempos. Se empezaba a trabajar enseguida. Eran otros tiempos.


Mi madre me enseñó a respetar a los que trabajan, a los que se esfuerzan y a los que se sacrifican.

Mi madre me enseñó la importancia de las cosas sencillas.

Mi madre me enseñó mucho.

 

Maria Antonia es mi tía. La hermana de mi padre.

Ahora está jubilada.

Para mí, era la tía alternativa.

Mi tía me ayudó en muchos tramos de mi vida.

Incluso hoy, que soy un hombre adulto, me pone a raya cuando lo considera necesario.

La escucho. Pienso en lo que me dice. Y normalmente tiene razón.

Me enderezo. Y sigo mi camino.

Deseo que todo el mundo tenga una tía María Antonia en su vida.

 

Esther es mi hermana.

Pero no le gusta que la nombren demasiado. Así que no escribiré sobre ella.

Pero está a mi lado.

 

Stefi es mi hermana. Aunque no tengamos la misma sangre.

Nos apoyamos mutuamente. Nos cuidamos. Nos ayudamos. Nos apoyamos.

No siempre tenemos que contarnos todo. No es necesario.

Así es entre hermanos.

 

Emma es alguien muy especial para mí.

Y yo lo soy para ella.

Nos conocemos desde siempre.

Vivimos a 1.000 km de distancia.

Pero nuestras energías están siempre conectadas.

 

Antonia (mi abuela) y Marisa (la bisabuela materna de mis hijos) eran mujeres de otra época.

Eran completamente diferentes la una de la otra. Pero caramba, qué mujeres. ¡Qué mujeres!

Educaron a generaciones enteras con inteligencia, dureza y cariño.

Hay que aprender de mujeres así.

 

Anna es mi hija. Tiene 17 años.

Ha luchado como un león.

Es fuerte como el mármol de Carrara.

Es sensibilidad, ternura, responsabilidad, seguridad, presencia, sonrisa.

Mirarla me ha convertido en una persona mejor.

 

Mi vida está llena de mujeres muy importantes.

Los hombres sólo podemos estar agradecidos de que existan las mujeres.

Siempre van un paso por delante de nosotros. Sin ellas estaríamos perdidos.

No escuches a los machos alfa que creen que no necesitan nada ni a nadie. Dicen gilipolleces.

 

(En Italia un chico acaba de matar a su ex-novia. La violencia de genero es el "tema del momento")


¿Pero cómo te atreves a tocarle ni un cabello a una mujer?

Significaría hacer daño a tu madre, a tu hija, a tu tía, a tu abuela o a tu mejor amiga.


¿Qué podemos hacer para cambiar el mundo?

¡¡¡Educar!!! ¡Educar! ¡¡¡Educar!!!


No hay otro camino.

Eduquemos a la belleza, a respetar y a trabajar duro.

Llenemos de cariño el corazón de los chicos. ¡No de cosas!

Llenemos la cabeza de los chicos de criterios. ¡No de "afán de poder"!

Pasemos tiempo de calidad juntos.

Aprendamos a amar.


Los hombres que hacen daño suelen tener un gran vacío emocional. Cuando son rechazados, se sienten perdidos. Y pierden el uso de razón.

Ayudémosles a crecer con el corazón lleno.

Eduquemos a los chicos para que defiendan lo que es justo, y devolvámosles al buen camino cuando se equivoquen.


A las mujeres NO se las toca. Punto.

"Ni un cabello...."


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Ah, y una certeza sobre las penas no haría daño.... En algunos casos, hay que cerrar la celda y tirar la llave. Punto .




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EL PINCHA UVAS

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