Carta a mi padre
- El Pincha Uvas
- 28 ott 2021
- Tempo di lettura: 3 min
Aggiornamento: 29 ott 2021
El "mundo" me dijo que me envidiaba.
Mis amigos me decÃan que hubieran deseado tener un padre carismático, encantador y sociable como tú.
Las señoras del edificio te llamaban "el guapo". Lo descubrà un año después de que nos dejaras.
Cuando entrabas en un lugar, toda la atención se centraba en ti.
Si habÃa niños en la habitación, los atraÃas.
Eras un imán.
TenÃas un "don de gentes".
No te cuidabas mucho. AdmÃtelo.
Estabas gordo, comÃas mal, dormÃas peor.
Fumabas. Fumabas Todo el tiempo.
Eras muy orgulloso.
Mostrar afecto era un signo de debilidad.
Emocionarse era un signo de debilidad.
Equivocarse era un signo de debilidad.
Pedir ayuda era un signo de debilidad.
Siempre fuiste un lÃder. Incluso de niño.
En todos los lugares a los que ibas te pedÃan que lideraras, que guiaras.
O te querÃan o te odiaban. No se podÃa estar en el medio.
Yo te amé y te odié.
No era necesario decir que éramos padre e hijo.
Se notaba en nuestros cuerpos, nuestros movimientos, nuestras bromas, nuestros gestos.
Erámos iguales.
Me dijiste: "si llevas pendientes dormirás fuera de casa". Me puse dos.
Me dijiste: "si te haces un tatuaje dormirás fuera de casa". Ahora estoy lleno de ellos. Pero por suerte empecé cuando ya dormÃa fuera de casa.
Me dijiste: "si te tiñes el pelo dormirás fuera de casa". Me lo he teñà de azul con lunares, pero en cuanto te vi llorar me afeité la cabeza para borrar el color.
Me dijiste muchas cosas pero nunca me dejaste dormir fuera de casa.
Nunca entendà si tenÃamos problemas en nuestra relación porque éramos demasiado iguales o demasiado diferentes.
Te gustaban los deportes. Pero no practicabas ninguno.
El fin de semana veÃamos balonmano, fútbol sala, transworld sport, baloncesto o cualquier otro deporte que se emitiera en los canales españoles o catalanes.
Luego Ãbamos a mi partido de fútbol y a los de otros amigos.
Tu alma era la de un deportista.
Nadé la travesÃa del puerto de Barcelona en 2001. HabrÃas querido venir a verme. Me dijiste que habÃas intentado hacerme una sorpresa. Pero no pudiste hacerlo. Ya estabas demasiado enfermo.
Yo he vivido mucho desde entonces.
Creo que estarÃas orgulloso de cómo he crecido.
Me verÃas como un adulto.
PodrÃas ver conmigo los partidos de tus nietos Teudis y Jordi . O charlar durante horas con tu nieta Anna. Te encantarÃan.
Ahora ya estarÃas jubilado. Y pasarÃas largas temporadas en Italia.
Te hubiera gustado seguir mi vida y mis hazañas deportivas. SerÃas mi primer seguidor. Y seguro me dirÃas que estoy loco, como hacen mis amigos.
Recuerdo lo mucho que te fascinaban los atletas que hacÃan carreras de resistencia.
Recuerdo la admiración con la que hablabas de los que participaban en carreras "ironman".
Me pregunto qué pensarÃas ahora si me vieras haciendo ese tipo de experiencia.
Querido papá,
muchas veces no te he entendido.
Muchas veces no me has entendido.
En una vieja y larga carta que aún conservo y que leo a menudo, escribiste que envidiabas muchas cosas de mÃ.
Yo también envidiaba muchas cosas de ti.
Nos querÃamos con locura.
Y ambos lo sabÃamos.
Nos merecÃamos poder hacerlo durante mucho más tiempo.
Nos merecÃamos poder querernos libremente como adultos.
Mamá falleció cuando yo tenÃa 21 años.
Tú cuando tenÃa 23.
El próximo 8 de noviembre se cumplirán exactamente 20 años.
Nunca he dejado de echarte de menos.
Has aparecido en mis sueños al menos una vez a la semana desde 2001.








