El estadio
- El Pincha Uvas

- 14 ore fa
- Tempo di lettura: 2 min
El domingo pasado fui a ver un derbi al estadio con mis hijos.
Un viejo amigo que trabaja en uno de los clubes me regaló las entradas por sorpresa.
Hacía una eternidad que no iba a un estadio.
Fue bonito. Me gusta hacer cosas nuevas con mis hijos.
Llegamos temprano y nos quedamos en un parque comiendo los bocadillos que habíamos preparado en casa. Los precios por ahí son siempre una locura.
Mientras observábamos a unos chicos jugando al baloncesto, pregunté:
—Chicos, ¿os apetece una cerveza?
Compramos tres.
Esa pregunta me impresionó porque vi en mí a un padre muy diferente del mío. Él, si me veía beber una cerveza, me decía:
—¿Qué eres, un borracho?
Por suerte los tiempos cambian.
A mí me gusta tomarme una cerveza con ellos.
Anna y Teudis ya son adultos. Jordi lo será muy pronto.
Al entrar al estadio tuve que discutir por los asientos.
—Disculpen, esos cuatro asientos son los nuestros.
—Aquí todo es libre, sepárense y busquen sitio.
—Lo siento, pero hemos venido desde lejos y queremos disfrutar del partido juntos. Les pido que se cambien de lugar.
Me miraron con muy mala cara, como si hubiera hecho algo incorrecto.
Detrás de nosotros había un padre con un chico de unos 12 o 13 años.
Durante todo el partido gritó las peores cosas.
“Basura”, “hijos de...” y mucho más.
El equipo rival tenía un jugador muy bajito (aunque muy bueno). Le llamó de todo: “enano”, “pony”, “niño”, “bebé”, “vete a llorar con papá” y muchas otras tonterías.
Aquel hombre se sentía el líder de la grada. Le gustaba iniciar los cánticos e intentar que los demás aficionados lo siguieran. Se sentía realizado cuando lo conseguía.
Yo no dejaba de pensar en el chico.
Después de una jugada polémica, toda la grada empezó a cantar:
—¡Ma-tad-los! ¡Ma-tad-los!
Y cuando digo toda la grada, quiero decir toda la grada.
¿Matarlos? ¿De verdad matarlos?
¿Os dais cuenta de lo que estáis diciendo?
¿Por qué en ciertos ambientes nos convertimos en bestias?
En la segunda parte el chico tuvo que ir al baño.
Su padre le dijo:
—Pide permiso para pasar.
Correcto. Pero ¿cómo puedes enseñarle a ser educado en una situación si un minuto antes, orgulloso, le has hecho gritar “matadlos” después de una falta?
¿Qué contradicción tendrá en la cabeza ese chico?
¿Hay lugares donde puedo convertirme en un animal y además mi padre lo considera algo positivo, y otros donde debo ser un niño educado?
No lo sé.
Solo sé que todavía queda muchísimo trabajo por hacer.
Desearía de todo corazón que ese padre aprendiera a animar a su equipo y no únicamente a odiar al contrario.
Desearía que pudiera comprender que así sería más bonito.
Quizá él nunca lo crea, pero estoy convencido de que también sería mucho más bonito para su hijo.
Transmitir odio nunca puede conducir a una buena meta.
Nunca.
Ese padre le dijo a su hijo:
—Sé educado, pide permiso.
¿Cómo puede el chico entender que ese es el camino correcto si el ejemplo que recibe .le transmite exactamente lo contrario?
Creo que muchas veces no somos lo que decimos.
Estoy convencido de que somos lo que hacemos.
Dicho esto.... ¿quién queremos ser?





Commenti