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  • El Pincha Uvas

La profe (esp)

7:53 a.m.

Estoy en un tren.

Casi nunca me pasa.

Hoy me voy a Milán por trabajo.


¿Qué hacer?

  • ¿Leer? Me estoy haciendo viejo. No tengo mis gafas.

  • ¿Escuchar música? Lo estoy haciendo. Pongo "Ultimo" en mis auriculares. Me gusta.

  • ¿Escribir? Me relaja. Me ayuda. Me hace pensar.

Abro el ordenador. A mi alrededor hay gente.

Algunos pasajeros miran lo que escribo.

Bajo el brillo para que sea más difícil hacerlo. Al fin y al cabo, estoy escribiendo sobre ellos.

Ya nadie lee libros en el tren. Por desgracia, casi nadie habla.

Todos están concentrados en sus teléfonos móviles. Son robots.

Un joven está estudiando. Tal vez tenga la selectividad.

Alguien se baja en la primera estación. Una chica aprovecha los asientos vacíos para sentarse junto a su novio. El amor salva y salvará a todos.


Yo escribo. Y pienso.

Me viene a la mente mi profesora del instituto.

Hace dos días me escribió un correo electrónico.



Ella fue mi profesora de español en el instituto.

Cuando entraba en clase, me aterrorizaba.


¿Tienes en mente a esas personas que si te miran te intimidan? Ella era aún peor.

No necesitaba levantar la voz, gritar, amenazar. Solo necesitaba una mirada. Y te callabas.

Un día me dijo: "Teudis, si yo fuera tu madre te daría una bofetada".

Han pasado 30 años desde aquel comentario.

Lo recuerdo como si hubiera ocurrido ayer.

Tenía razón.


En esos años estaba hecho polvo. ¿Quién no lo estubo de adolescente?

Me sentía feo y fuera de lugar.

Mis padres se habían separado.

A la chica que me gustaba, obviamente, le gustaban otros.

No me gustaba estudiar.

Tenía muchos amigos, pero vivía experiencias que no eran comprensibles para ellos.

En el 94 no había muchos hijos de padres separados.

Lo único que me salvaba fue el fútbol.


La profe tiene todavía el recuerdo de "un chico difícil, cariñoso y rebelde". Parecen adjetivos opuestos. Pero yo era así.

Tenía un buen corazón. Pero no sabía encontrarlo.


Ella vio algo especial en mí.

Y no sé cómo, y mucho menos por qué, me transmitió su sincero afecto.

Ella vio en mí lo que yo no veía.


Después de casi 30 años todavía se acuerda de mí.

Y también se acordaba en 2011 cuando le escribí una carta.

En Figueres, ella vivía en una zona reservada a los militares. Su marido lo era.

La envié allí deseando que alguien se la entregara.


Le escribí que había sido importante para mí.

Le dije que había sido la primera persona en creer en mí, más que yo mismo.

En resumen, cuando ya era un adulto (y un padre), quise darle las gracias.


Qué hermosa es la vida.

Estamos acostumbrados a contarnos las cosas malas.

En cambio, es bueno contarse también las cosas buenas.

Pensé que le habría gustado.


En 2011 me respondió. Fué bonito.

Y 11 años después me ha escribido sin que yo me lo esperara.

No sé qué edad tendrá ahora.

Ya será una bonita abuelita.


Qué hermosa es la vida.

El corazón de algunas personas es especial.

Los que lo tienen son capaces de mejorar la vida de los demás.

Probablemente mi corazón también tocó el suyo.


¿Por qué?

Porque ayer, en linkedin, me llegó una solicitud de una (mega) directiva española que no conozco.

La acepté.

Y poco después recibí este mensaje.



¿Cuántos miles de alumnos habrá tenido esta profesora en sus 45 años de carrera?

Pero le habló a su hija de ese chico "difícil, cariñoso y rebelde".

Le habló de mí.


No sabemos quién nos ayudará en nuestros caminos.

Pero conoceremos a personas que se convertirán en importantes.

Nos cambiarán.

Nos llenarán de amor.

Nos entenderán más que nosotros mismos.


La profe fué importante para mí.

¿Quién lo ha sido en tu camino?


Qué hermosa es la vida.

Todo me dice que vale la pena.

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EL
PINCHA UVAS